¡Hola lectores!
Escribir. Write. Écrire. Scrivere. Justo lo que estoy haciendo ahora mismo. Me encanta. Soy una de esas personas que no puede vivir sin hacerlo. Redes sociales, libretas en las que anoto frases que encuentro por ahí y que me gustan, letras de canciones o simplemente mis locos pensamientos, agendas y listas de cosas que hacer, pequeñas historias que se me vienen a la mente... Llamadme rarita pero en mi bolso nunca faltan una libreta y un bolígrafo porque...¡nunca se sabe dónde te va a venir la inspiración!
Y ahora os estáis preguntando por qué os estoy contado todo este rollo sobre mi persona. Pues bien, y aquí va lo primero que he aprendido en estas sesiones con Gonzalo, porque nuestra actitud inicial ante la escritura cuenta. Cuenta mucho. Un profesor al que le gusta la escritura se sentirá a gusto escribiendo en el encerado, proponiendo ejercicios de redacción, dando feedback por escrito. Por su parte, un alumno al que le gusta escribir o lo utiliza como método de estudio tampoco tendrá grandes problemas a la hora de enfrentarse a esta destreza. Pero... ¡para el carro profescritor! No a todos tus alumnos les gusta escribir, ni consideran la escritura como su estilo de aprendizaje ideal, así que...¡tenlo en cuenta!
Sería ideal tener una noción básica sobre los pensamientos de nuestro alumnado en relación al writing. De esta forma, podríamos planear actividades y materiales que se ajustasen de una forma más real a sus expectativas y que evitasen los aspectos que ellos consideran más negativos de esta destreza sin dejar de trabajarla en la clase. Es decir, haríamos las tareas lo más llevaderas posible para todos.
Veamos ahora algunos de los enfoques sobre los que hemos hablado en clase.
Escritura creativa y escritura comunicativa
Después de lo visto y hablado en clase, he entendido el concepto de escritura creativa como aquella escritura en la que tú elaboras una composición de forma más o menos libre (es decir, inventando una situación, imaginando qué pasa, inventando personajes, hechos, lugares) dentro del cumplimiento de una tarea o situación dada. Según esto, debería ser un tipo de escritura motivadora y de interés para el alumno puesto que, se supone que el alumno debería estar preparado para escribir sobre lo que se le ha pedido pudiendo enfocarlo hacia los ámbitos, razonamientos, o formas de expresarse que le resulten más cómodos. Sin embargo, muchas veces el efecto conseguido no es el deseado. ¿Por qué? Se podrían enumerar aquí diversos factores. Entre ellos los siguientes:
- Muchas veces las tareas encomendadas no tienen ningún tipo de conexión con la realidad del alumno o temas que le puedan resultar de interés.
- Curso tras curso los temas utilizados son repetitivos y no suponen ninguna novedad que motive su capacidad creadora o innovadora.
- La capacidad creadora se ve muchas veces restringida porque se le pide al alumno que incluya un tipo determinado de estructuras o vocabulario.
- Las tareas se limitan a presentar un texto modelo que hay que imitar. No hay un reto que motive al alumno.
De esta forma, la llamada escritura creativa pierde, en mi opinión, toda su creatividad. Cada vez son menos las ocasiones en las que un alumno se enfrenta a una hoja en blanco en la cual debe plasmar un texto escrito por si mismo. Lo que él quiera, como quiera, con el objetivo que quiera, sin restricciones. Y, ¿no es esa la verdadera creatividad y, a su vez, la verdadera forma de aprender a escribir y pensar de forma crítica?
Es cierto que en un principio puede resultar bastante aterrador. Incluso los que somos fanáticos del papel y la tinta, muchas veces sentimos ese miedillo o vulnerabilidad al ponernos delante de una hoja en blanco: ¿qué contar?, ¿cómo hacerlo?, ¿transmitirá el mensaje de forma clara o estaré dando demasiadas vueltas? Pero, pasado un tiempo, el trabajo dará sus frutos y, no sólo habremos mejorado las writing skills de nuestro alumnado en su L2, también es probable que hayamos creado en él un hábito de escritura que los acompañe y ayude en muchos ámbitos de su vida.
Otro aspecto del que deberíamos hacer conscientes a nuestros estudiantes es el que define la escritura como herramienta comunicativa. En nuestra sociedad, y cada vez más por el uso de nuevas tecnologías, la escritura ya no es solo parte de la literatura, sino que se usa día a día para transmitir información e interactuar entre personas. Redes sociales, emails, prensa, burocracia...todos los alumnos deberán enfrentarse a estas herramientas en algún momento de sus vidas y, en ellas, se han creado nuevos tipos de textos y formas de escribir para los que también deberían estar preparados. Además, en este tipo de escritura tenemos la ventaja de que los alumnos sí verían una aplicación real inmediata de aquello que están aprendiendo en clase.
Escritura como proceso y escritura como producto
Este enfoque me ha hecho reflexionar sobre lo que realmente se trabaja en la clase. ¿Les enseñamos a nuestros alumnos a crear un texto o simplemente les mostramos diferentes tipos de textos que deben saber imitar?
En la enseñanza tradicional es habitual que para explicar cómo construir una informal letter por ejemplo, se les presente a los alumnos un modelo que luego ellos deben imitar cambiando la situación A por una situación B que se les plantea. Este enfoque de análisis e imitación de textos se correspondería con el de la escritura como producto.
Sin embargo, ¿en qué lugar queda el propio proceso de construcción del texto en este enfoque? No se planea qué escribir, ni se elaboran borradores que mejorar y pulir, no se revisa. La escritura como proceso queda relegada a un segundo, segundísimo plano.
Creo que esto vuelve a ser contraproducente para el alumno. Es cierto que tener un texto modelo o guía los ayuda a resolver la tarea, pero es que nuestra labor es enseñarles también qué proceso seguir para resolverla. Hacerlos conscientes de que un texto escrito no es sólo lo que se ve finalmente sino todo el trabajo y reto de planificación, mejora de borradores y revisión que nos ha llevado a él. Ayudándolos a descubrir y ser capaces de desarrollar por sí mismos este proceso es como realmente los enseñamos a escribir y no solamente a imitar.
Escritura individual y escritura colaborativa
Otra forma de hacer que los alumnos se acerquen a la escritura es dejar de plantear esta destreza como una de desarrollo y trabajo individual fuera del aula. Proponer, por ejemplo, tareas colaborativas a realizar en el aula que permitan la elaboración de textos en grupos.
En este sentido podrían funcionar en la clase recursos como:
- Lluvias de ideas para seleccionar temas, contenidos y argumentos.
- Elaboración de borradores que incluyan las ideas dadas por el grupo.
- Comparación de borradores resultantes antes de realizar la versión final.
- Feedback de los compañeros.
Este tipo de tareas me parecen muy innovadoras y creo que podrían tener muy buena aceptación en una clase. Además, no solo estaríamos trabajando la escritura sino el pensamiento crítico de nuestros alumnos así como las restantes tres destrezas del lenguaje: speaking para expresar opiniones e ideas en el trabajo en grupo, listening para escuchar y comprender las opiniones de los otros y reading para leer y comprender las redacciones de los compañeros.
¿Cuál es vuestra opinión lectores? Os lanzo unas preguntillas para que reflexionéis: ¿No creéis que el writing en el aula se trabaja de una forma demasiado mecanizada que coarta la libertad creadora del alumno? ¿Enseñamos a imitar o a escribir? ¿Cómo podemos innovar y motivar a nuestros alumnos a escribir?
En relación a esta última pregunta, en la siguiente entrada os dejo un pequeña reseña sobre las presentaciones vistas en clase en las que ya se propusieron algunas alternativas.
¡Nos leemos!
A.



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